El poder de la mujer inmigrante

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El poder de la mujer inmigrante

Las mujeres inmigrantes tenemos tres pilares que nos hacen más fuertes:

  • Ser Mujer
  • Ser Inmigrante
  • Ser Emprendedora

Para nosotras el camino suele ser intrincado, simplemente porque somos mujeres. Pero eso, lejos de ser una debilidad resulta una fortaleza, porque nos permite ampliar el abanico resolutivo. Somos madres por naturaleza y guerreras por evolución.

Cuando salí de Cuba hace 10 años con tres maletas llenas de esperanzas, pensé:

“Estela Marina, hoy comienza una nueva vida llena de retos, cambios, alegrías y tristezas, pero sobre todo de libertad y futuro para tu familia”.

Cuando eres madre, mujer, inmigrante y emprendedora, tu vida cambia constantemente. Subir a aquel avión de Air Europa con destino a Madrid y llegar al Aeropuerto de Barajas fue una especie de liberación, una liberación que me producía un miedo profundo y una angustia que aún revivo, cada vez que lo recuerdo. Hora cero, los errores cometidos habían quedado al otro lado del atlántico, ya tendría tiempo de cometer errores nuevos, que de eso se trata la vida. Caer y levantarse.

Con 30 años, dos carreras y la experiencia de toda mi vida, debía recomenzar. Dejé atrás a mi hijo de diez años, con una manita levantada a medias, diciéndome adiós en inmigración cubana, sin saber cuándo lo volvería a ver. Dejé a mis padres, la casa grande, lo conocido, la seguridad del hogar e inicié la aventura de reconstruir el mundo, mi mundo.

Buscar trabajo, vivir, echar de menos, llorar, secarse las lágrimas, buscar trabajo… es la historia de los comienzos. Parecido al de otras tantas, ese ciclo decidí vivirlo con fortaleza y resiliencia. Una entrevista, “ya te llamaremos”, otra y otra y otra… siempre con una sonrisa, confiando en que serías buena para el puesto, pero ellos decidían que no lo eras.

La primera oportunidad. Ejecutiva de publicidad en una revista. Aquí vamos, lo he conseguido! Pero antes de dos meses me despidieron. Yo, la mejor vendedora de mi empresa en Cuba, reconocida y respetada, no había sido capaz de mantener un empleo en España por dos meses!. Caer… y levantarse, caer y levantarse.

Entendí que debía integrarme completamente, conocer el mercado, el funcionamiento de las empresas, las mejores y peores marcas, la dinámica laboral. Debía aprender absolutamente todo. Fue duro comenzar de cero, colgué mi traje de ejecutiva y mis tacones y solo pensaba en mi hijo y mi familia, en lo que podría hacer por ellos desde mi humilde postura de inmigrante. Quería cambiar su vida para mejor y ese era el motor que me impulsaba.

Encontré finalmente trabajo en una frutería del barrio, casi a finales de ese primer diciembre, cuando ya la crisis asomaba en España. Esa es una memoria feliz, tenía un trabajo honesto, con un salario que cubría mis gastos y podía ayudar a mi familia. A los tres días, con responsabilidad y tesón había ganado la confianza de mis jefes. Abría y cerraba la tienda, había aprendido los códigos de cada fruta registrada en la máquina y atendía a los clientes con una sonrisa a estrenar cada mañana. Esos clientes me enseñaron muchísimas cosas de la vida, como cocinar comida española, seleccionar las mejores frutas y verduras, algunas costumbres de Madrid, el dialecto, cómo ser más fuerte, cómo llorar menos y cómo seguir adelante, muchos me contaban las historias de ellos mismos o de sus padres y hermanos emigrantes y eso me hizo más fuerte.

Cuando llega ese momento te sientes como en una una peli de acción, como en Matrix. Parece que va todo en cámara lenta y no sabes si es real o no lo que te está pasando. Piensas que tal vez los problemas son más grandes que tú y te preguntas si vas a sobrevivir, pero luego recuerdas que tienes una oportunidad, una grandiosa oportunidad.

Agradeces a Dios y te das cuenta que comenzar de cero no es borrar de un plumazo tu vida, sino escribir en una nueva hoja en blanco.

Decides entonces trazar un plan de acción con la ayuda de allegados, amigos, vecinos; que te reciben, te cuentan de cosas desconocidas para una cubana de 30 años, te hablan de Facebook, de internet, de google, de que las llamadas que recibes al móvil no las cobran como en Cuba y que el dinero sale de unos cajones electrónicos, usando tarjetas plásticas y que si tienes dinero en el banco sale y si no, no.

Cuánta tecnología, cuánto impacto social. En Carrefour o Alcampo hay siete marcas distintas de café, tres tipos de yogures, cinco de leche entera. Los autobuses pasan cada 5 minutos y existe un medio de transporte de tecnología avanzada llamado METRO que viaja por debajo de la tierra y te lleva en minutos a tu destino.

Y nada, tienes que “Integrarte”, lo más rápido que puedas, lo mejor que puedas. Procesar toda esa información a la velocidad de la luz y comenzar a reaccionar a las emociones, tratar de no pensar en lo que fuiste, sino en lo que serás, aprender que vas en camino a convertirte en alguien distinto, ojalá mejor, que quien has sido hasta ese momento. Caer y levantarse, caer y levantarse…

Luego los sentimientos, el amor de madre, la familia. ¿Cómo están? Yo muy bien! Aquí todo bien. No importa lo que sientas, siempre debes decir que todo está bien, es como una instrucción natural del inmigrante, es el exilio encerrado en tres palabras.

Las mujeres somos fuertes, somos guerreras. Estamos hechas para salir adelante, para dejarnos la piel, para dar un paso más cuando parece que no se puede más.  Somos madres, hijas, ejecutivas, obreras, amas de casa, cuidadoras, sanadoras, guardianas, líderes, cantantes, deportistas, fontaneras, cocineras, electricistas, amigas, emigrantes, valientes. Pero lo hermoso es que muchas veces somos todo eso a la vez. Las mujeres podemos encontrar un mundo devastado y reconstruirlo. Somos super-heroínas y lo sabemos, pero asumimos esa responsabilidad con la más humilde sonrisa. L

as inmigrantes dejan atrás la vida… pero le atan una cuerdita desde el corazón, para ir tejiendo un futuro feliz que recoja lo vivido y el porvenir.

Nunca supe cuánto faltaba para cumplir mi sueño, pero sabía que llegaría.

Siempre recuerdo un regalo que mi abuela Estela me hizo antes de partir y nunca olvidaré: “Mi nieta, te daré este versículo bíblico como promesa de alivio, para que siempre que estés triste, que creas que no puedes más, que no hay nada más allá de la oscuridad y sientas que no estamos contigo, lo repitas una y otra vez”.

“ES PUES LA FE, LA CERTEZA DE LO QUE SE ESPERA Y LA CONVICCIÓN DE LO QUE NO SE VE”

HEBREOS 11:1

¡Gracias por leerme!

 

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Así es mi querida esthela
    Tú más que nadie sabes de mi
    Y de lo que yo e sufrido.
    Te quiero mucho guapa

    1. Gracias por tu comentario querida Angélica, un abrazo enorme.

  2. Hola Estela q tal. Estela Gracias por compartir tus experiencias vividas al emigrar a España,tus palabras medio aliento y fuerzas para tomar la decisión de irme a vivir a España porque tengo mucho miedo q a mis 53 años tenga q comenzar de 0, pero es como tu dices nosotras las mujeres somos guerreras, Estela Soy una madre Venezolana con nacionalidad Española ya mis Dos hijos viven en madrid muy cerca de donde están ustedes, el varón es Ingeniero en sistema gracias a Dios tiene su empleo y mi hija estudia psicologia espero q se gradué en dos años. Yo sigo aquí en Venezuela pero esto ya no es vida aquí xq la inseguridad, la escasez de alimentación y de medicina nos esta matando xq no hay. Estela Cuando vuelva yo a madrid espero poderte conocer y darte las gracias por todo lo q haces y x darme fuerza y valor de seguir adelante. Chao Una abrazo Estela.

    1. Hola María, muchas gracias por tu mensaje. Cuando estés en Madrid, me escribes y nos tomamos un café. Un abrazo grande, lo mejor para ti y para tus hijos.

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